Vivimos actualmente en un mundo revolucionado por Internet. Y eso produce muchos efectos, aún insondables. Por ejemplo, puede dar la impresión de que el malvado capitalismo ha producido mayor hambruna en el mundo, cuando las estadísticas señalan lo contrario. Y sin embargo no es que haya más hambruna, es que ésta es más evidente. Sistemas como Youtube permiten una rápida y eficaz comunicación.
Pero también tiene otros efectos.
Como bien indicaba Umberto Eco en un reciente articulo, uno de los efectos es la sacralización del presente por encima del pasado. Antes la humanidad era más proclive a usar el pasado para fomentar su presente, mientras que ahora, puedes usar el propio presente. Antes si te sentías sólo tenías que buscar a tu primo. Ahora puedes entrar en el Messenger o en multitud de foros, a cada cual más variopinto, para por ejemplo, criticar la creación de un personaje tan irritante y perjudicial como Jar Jar Binks.
Ese efecto de Sacralización del Presente hace, por ejemplo, que muchos personajes del pasado quieran renacer de unas cenizas muy agotadas para ser encendidas y explotadas en el presente. Y eso se da en muchos aspectos de la cultura.
Si hablamos de la música, basta recordar ejemplos como Sting, que se dedican a hacer algunos conciertos conmemorativos, Led Zeppelin, de cuya reunión se sigue hablando, o los Héroes del Silencio, que aprovecharon la oportunidad de hacer un único concierto para conseguir una buena pasta.
Si nos vamos, por ejemplo, a los libros, encontraremos un buen libro, Un Mundo sin Fin, como la continuación de la obra maestra de Ken Follet: Los Pilares de la Tierra. De hecho, se ha vuelto a reeditar dicha obra, y pueden encontrarse ambos a la venta a poca distancia de separación ; astuta maniobra de marketing.
En el cine, podemos encontrar al boxeador Rocky. O podemos recordar lo que se rumoreó de un Padrino IV al ver a Scorsese y DiCaprio juntos (suerte que sólo realizan la decepcionante aunque aceptable Gangs of New York).
Podemos contemplar con estupor cómo la maquinaria cinematográfica aplasta sin remisión la tienda de cómics para sacar películas a puñados, la mayoría decepcionantes y rentables, salvándose alguna de Spiderman, y alguna más. No me hagan recordar el regreso de Superman. ¡Ah, que ustedes tampoco se acordaban!
Y ahora nos llega, cómo no, Indiana Jones.
Para quien no conozca al personaje, es una especie de profesor experto en Arqueología, que por asuntos extralaborales se ve inmerso en aventuras.
Sus películas son clásicos de la acción, y la verdad sea dicha, son películas que sigo viendo con admiración y deleite.
Por supuesto, ver ahora, pasados los años, cómo se pretende devolver la gloria al personaje, pues no lo trago. Así que contemplo con tristeza la operación de marketing, el cursi título de la película, las canas de Harrison Ford y la colaboración de George Lucas, el gran ejecutor de la saga de la Guerra de las Galaxias ( ¿un malo con la cabeza roja con pinchos? ¡Venga, hombre! ).
La película me resulta muy floja. Lenta (dos horas largas como un día sin pan), un guión simplón y previsible, un Indiana Jones aceptable, unos secundarios completablemente sobrantes, con un aceptable Hijo de Indiana Jones sobre el que temo que recaiga la siguiente aventura, y unos malos tan complejos como una piedra, con una Cate Blanchett tan irritante como un dedo ajento hurgando en tu nariz.
La música clásica de Indiana Jones, y los detalles que recuerdan a episodios pasados de Indiana o del cine ( se ve el Arca de la Alianza, el Hijo de Indiana surge a lo James Dean ) no pueden sino mostrar, en comparación, la simpleza del resto del metraje. Por no hablar de la historia.
Ya no quedan nazis en un mundo viejo para Indiana, pero quedan rusos, así que ya tenemos enemigos. Ahora queda la búsqueda. Espera Steve, ¿no fue en esa época lo de Roswell? Pues ya está, como las leyendas indican que hay conexión entre las pirámides egipcias y los monumentos mayas, y todo eso con los extraterrestes, pues ya está.
Así se suceden escenas delirantes e inverosímiles, cómo contemplar a un Indiana Jones superviviente de una prueba nuclear ( al estilo del Proyecto Manhattan ) que a su vez observa volar a un platillo volante.
De locos.
Humor facilón y complaciente con el espectador que no busque más que un entretenimiento que no tarde muchos días en olvidar.
Lo único bueno, volver a oír la banda sonora en un cine.
En conclusión, si no saben nada de Indiana Jones, es una película de acción aceptable y entretenida, sin más, que puede servirles para acercarse al personaje para ver la trilogía anterior, claramente superior.
Si lo conocen de antemano, pueden dividirse ustedes entre los que quieren absorber de nuevo al personaje en el cine, sea como sea, y los que, como yo, anhelan en su corazón no verse decepcionados por la nueva entrega.
Anhelo utópico.